VERSOS AJENOS

LUIS VIL vs. TÉTRADA LITERARIA

 

NO ES POESÍA, NO ES MÚSICA, SON CANCIONES

 

A los aficionados a seguir carreras artísticas de músicos minoritarios, quizás el nombre de Luis Morillo les suene familiar. Para aquellos que no le conozcan, si hacemos referencia a los proyectos en los que tomó parte, a lo mejor la cosa cambia, aunque puede que no tanto.

 

Desde sus inicios en IRONIC CANCER PHOBIA[1], su paso por THE DRELLAS[2], grupo hermano de los IRONIC, los punkarras TRITURBO[3]  y que marcaron su paso del ingles al castellano, hasta su faceta final de rock electroacústico con chica al frente de RICOAMOR-LINGERIE[4], casi quince años han pasado, que para quien no los haya vivido de cerca o no conozca la desbordante capacidad creativa de Luis Morillo, pudieran  parecer años de actividad intermitente o de largas temporadas en blanco. Nada mas lejos de la realidad. La mala suerte, el hecho de tener que liderar bandas que no llegaban a cuajar, compaginar trabajo y demás obligaciones familiares han impedido que su talento llegue a mostrarse en todo su esplendor, aunque él siempre estuviese activo.

 

Con la ayuda de las nuevas tecnologías y una firme convicción de independencia, el siguiente paso a dar estaba claro: la creación de un pequeño, pero efectivo estudio casero y el nacimiento de LUIS VIL, su alter ego para esta nueva etapa en solitario. Acompañado en todo momento en las labores de composición, arreglos, producción e interpretación de su estrecho colaborador Josean Valle. 

 

A principios de este 2005 sale a la calle su primer trabajo con el  nombre de LUIS VIL, un CD titulado VERSOS AJENOS “Luis vil vs. Tétrada literaria”, empresa ambiciosa donde pone música a 14 poemas de varios poetas de la asociación Tétrada literaria de Llodio-Álava.

 

Esta colaboración, que empezó a gestarse allá por el otoño del 2003 y que ahora da sus frutos, ha sido un largo y meditado proceso donde Luis ha intentado dotar a cada texto de una personalidad e instrumentación propia donde la música y la poesía se encontrasen en igualdad de condiciones y brillasen de la misma forma en el resultado final.

 

A años luz y mucho mas arriesgado que los previsibles recitados con música de fondo, habituales en la fusión de música y poesía, este trabajo se constituye por derecho propio en un disco de sobresalientes canciones.

 

Comienza el disco con “La balada del errante”, una excelente muestra de la calidad que encierra todo el conjunto. Con un tratamiento sorprendente de la percusión (marimbas, palos de agua, batería tocada con maza etc...) el tema nos va meciendo suavemente y nos atrapa con esa línea de bajo realmente hipnótica; la voz profunda transmite toda la lírica del texto de Gonzalo Ostagain[5]. El ambiente conseguido durante todo el tema  es subyugante; el violín, el punteo minimalista de la guitarra eléctrica, todo está perfectamente colocado para visualizar los pasos de este errante.

 

Con unos rasgueos de  guitarra acústica y un melancólico violín damos paso al tema “Todos mis sueños” con texto de Sergio Ayala (una joven promesa) donde a ritmo pausado aparece la tensión de la mano de las guitarras eléctricas y las voces se desgarran para mostrarnos una letanía de desesperación; los ritmos de batería se vuelven mas contundentes en un épico y pegadizo estribillo. El violín, excelentemente interpretado por Izaskun Sarralde, remarca a la perfección todo el dramatismo que destila la canción.

 

Con un tratamiento totalmente distinto, cercano al Leonard Cohen tan admirado por Luis, “Predicador” de claras referencias literarias, está marcado por la sutilidad de la guitarra española, el onírico y susurrante violín y el ritmo casi de vals sugerido por las escobillas de la batería. El autor del texto, Lato (antiguo cantante de The Drellas), se marca un pequeño cameo haciendo coros en el estribillo de la canción.

 

“Epitafio”, tema crudo y de regusto amargo, esta envuelto en una hermosa melodía revestida de órganos hammond y delicados detalles de guitarra eléctrica. Alberto García se descubre como un poeta un tanto críptico pero terriblemente sugerente, con imágenes duras pero compasivas a un mismo tiempo.

 

“Es ahora” nos retrotrae, en cierta modo, a las maneras de cantautores poco ortodoxos, tipo Javier Krahe. Con letra de Patrocinio Gil, toda una institución poética dentro del pueblo de Llodio, que desborda calidad literaria por los cuatro costados, la canción avanza  de forma pausada pero firme y las imágenes desesperanzadas se van desgranando una tras otra para completar una escena costumbrista envuelta en neblina y desazón.

 

“Mientes” es un tema ya decididamente rock, con guitarras afiladas, ritmo monolítico y sugerente órgano, totalmente acorde con esta particular versión de las cuatro estaciones que nos ofrece Alberto García.  Imágenes violentas y descarnadas que nos recuerdan al mejor Nick Cave, salpican la canción en todo su recorrido. Su estribillo es adhesivo y magnético. Otro acierto sin discusión.

 

Con aires de romancero gitano, comienza el tema “Un nombre”; el piano marca la melodía que presagia la tragedia, avanza la canción con el ulular del viento y nos cautiva con la profundidad de las voces dobladas que el violín se encarga de enfatizar. Poesía en estado puro.

 

“Llévame” es el tema idealista y bandera de los buenos sentimientos del disco. A ritmo de sencilla danza, de aires celtas, la música se funde con la letra de manera perfecta y contagia de forma instantánea las buenas vibraciones  que transmiten los versos de Ebravor. Sin duda alguna la canción mas directa del disco.

 

“Nunca será igual” es una pieza mínima, leve y delicada, que te mece, te acuna con el arpegiado de guitarra española y el susurro del violín; tal como llega se va y convierte el corto espacio de tiempo que dura en un pequeño remanso de paz. Un exquisito detalle.

 

La guitarra invertida que atraviesa el tema “No dejes que la ilusión” imprime de misterio toda la canción y con la voz envuelta en un extraño efecto, que a veces es puro lamento, el conjunto cobra magia y se retuerce a golpe de pandereta y rasgueo de guitarra. Aquí nos demuestra Luis Vil como vestir una misma línea poética, en este caso la de Ebravor, de forma totalmente distinta y salir airoso de la empresa.

 

A ritmo de blues-vals y con vibrante órgano, arranca una de las canciones mas crudas del disco: “Huesos de algodón” . Javier Santamarina  escupe bilis en cada verso, que Luis Vil desgrana con chulesca dicción. El estribillo se torna machacón y penetrante y arrastra todo el aire que encuentra a su paso con fuerza inusitada.

 

“Mujer del Baikal” es probablemente el tema mas bello del disco; música y lírica se funden para hacer sentir en carne propia la crudeza y violencia de los elementos, aliados con el amante en su búsqueda de la mujer ansiada. Un estribillo final apoteósico, con punteo pinkfloydiano incluido, eleva  esta canción muy muy alto.

 

La acusación, la mentira, la traición se ve reflejada en la canción “Aflicción”. El extraño  y deliberado contraste entre la letra llena de alusiones descarnadas y la dulzura del rasgueo de la guitarra y el violín crea un atmósfera contradictoria, cautivadora, una espina envuelta en terciopelo, precisamente el trampantojo que el poeta, Javier Santamarina, reprocha en sus versos. La voz de Luis, por momentos, se vuelve intimista y susurrante para contar una historia de traiciones y engaños, de mentiras, de dobles juegos, de hipocresías, de amargos descubrimientos.

 

El epílogo del disco, “Mala crianza”, no podría corresponder a otro que no fuera Patrocinio Gil. Toda la nostalgia, la desesperación, la melancolía, la tragedia que dejan entrever muchas de las canciones, se subliman en un ejercicio de poesía minimalista, breve, una pequeña pieza de nihilismo conceptual, de épico drama cotidiano, con la voz de Luis y un suave punteo de guitarra envolviendo cada una de las frases en un aura de críptica, y a la vez cruda, oda a la traición de las esperanzas más íntimas. Y aún así, resulta, paradójicamente, la canción con más energía del disco, cuando la voz y los instrumentos se unen en un estribillo que auna la rabia que late en los versos del poema con la fuerza de la percusión, el bajo y la guitarra eléctrica.

 

De esta manera tan brillante comienza la nueva etapa en solitario de Luis Vil que muy pronto verá su continuación con un disco totalmente distinto donde es Luis quien vuelca sus propios fantasmas e inquietudes en clave mucho mas rock. El titulo del disco será “Retrato del Caos”. Estad atentos.

 

 

Juan Carlos Rodríguez “ Lato”



[1] Fulla Hate “Roto Records”.  Excelente disco

[2] “Overdrive” Sonic Recordings

[3] Muchos buenos temas que nunca vieron la luz; algún día tal vez.

[4] CD autoeditado. Ricoamor producciones

[5] recomendamos vivamente su libro “Golpe de fortuna” Ed. Tarttalo