Ya está aquí el tercer álbum de Luis Vil.
«Sapos y culebras» transparenta una sinopsis sencilla: rock bastardo y corrosivo con temáticas apesadumbradas y aullidos libertarios. Luis Vil ha afilado su propuesta y ha robustecido su sónica. Ahora sus canciones cortan como el filo de un cuchillo, en su sonido hay vitriolo y densa acidez, guitarras lacerantes y testimoniales aunque desasosegantes pespuntes electrónicos. Sus textos inciden en las mismas preocupaciones que divulgó su anterior trabajo. Si allí retrató el caos, ahora fotografía el lado más áspero y cáustico de una realidad amoldada por unos para subyugar a otros. La trayectoria de Luis Vil prospera así a lomos de un fatalismo intelectual que se cristaliza en escepticismo, esplín, insurgencia, desesperación, abatimiento, destino aciago, malditismo perpetuo. Todo avinagrado y presentado con una avilantez y una crudeza que honran su apellido artístico. El álbum es como una escalera de incendios pero al revés. En vez de llevarte lejos de las llamas, te arroja a ellas. Conviene escucharlo con precaución. Puede provocar metafóricas quemaduras de tercer grado.
Josemi Valle. Revista Efe Eme.